martes, 13 de mayo de 2014

Necesito un "te quiero" para vivir (Paola)

El frío de la noche es tan duro que recibe punzadas de dolor y su ropa no la protege de ese insoportable frío, ni siquiera la protege de nadie. Camina difícilmente con unos tacones altos, no siente los pies, en parte es bueno no sentirlos porque ya el frío la dejó de doler. La poca ropa que lleva es su infierno, una camiseta blanca de manga corta con una chaqueta negra de cuero, una minifalda negra con medias oscuras, incluso la ropa está helada. Sigue caminando por una calle solitaria donde lo único que hay son chalets vacíos medio construidos y los que ya están construidos ninguno se ha podido realizar la venta. Varias farolas salteadas están sin iluminar haciendo del lugar triste, solitario, oscuro e inseguro. Tiene miedo, las entradas de los garajes medio construidos son como agujeros negros donde quien sabe que podría salir de aquel lugar. Camina más deprisa por esa calle que parece no terminar nunca, las lagrimas recorren sus mejillas y caen al suelo como flores muertas, ilusiones perdidas de un mundo que se ha vuelto tan duro para ella, apenas siente aquellas tristes lagrimas, el frío y el miedo la aparta de sentir el dolor, el frío, las lagrimas, pero de lo que no puede escapar es del duro dolor de su corazón. Al doblar la esquina encuentra un pequeño paseo delimitado por jardineras de flores secas y árboles descuidados, se sienta en un banco descuidadamente, cansada, con un corazón que pesa más que su cuerpo, más que sus propias fuerzas. Llora agotada, hundida, destrozada, un llanto que se oye en soledad y que ahora si sabe de la existencia de sus lagrimas, se limpia con el puño cerrado, difuminando el rímel por sus mejillas, desea gritar, cree que un grito la puede alejar de todo ese dolor, desea escapar, alejarse de todo, pero no tiene fuerzas para hacerlo y solo la queda una única salida para ella. Abre su bolso y busca, lo encuentra, saca una jeringuilla y un pequeño bote de plástico marrón oscuro, extrae con la jeringuilla el contenido del bote y busca una vena en su brazo izquierdo, ya no necesita la cinta elástica para obstruir la circulación sanguínea, su cuerpo es tan delgado que encuentra una vena rápido como ella quiere, la solución rápida, el camino fácil. Se lo inyecta, siente la droga en su cuerpo, siente entrar el liquido por la vena, está tan alterada que lo inyecta demasiado rápido, la hace daño, su vena se hincha, abre la boca, mira al cielo, un grito apagado se queda en su interior sin poderlo liberar, se siente atrapada, sus ojos doloridos por el frío y las lagrimas, ojos incapaces de sacar una sola lagrima. Terrible dolor que la vuelve loca, que es insoportable, que ni si quiera el frío puede evitar. Momento insoportable que se hace eterno, que no termina nunca, que la agobia y no es capaz de sentir a penas nada, sentirlo todo y no sentir nada. La heroína hace su efecto, es su salvación, su alivio, su libertad. Se siente ligeramente bien, no quiere pensar en nada, en un instante se siente mejor que nunca, no la duele nada, no la preocupa nada, se olvida de todo y se encuentra maravillosamente consigo misma. Esta en un estado de euforia, se siente viva, aparentemente feliz, ganas de vivir, todas las penas se olvidan y vuelve a vivir. Se levanta y vuelve a caminar, se siente mujer. Orgullosa vuelve a su piso, no se acuerda de él, no sabe si aun siente amor por él, incluso de eso la heroína la hace olvidar. El camino de vuelta es como una maravilla para ella, un camino de rosas, entre un campo de amapolas rojas y se pierde en ese camino de vuelta. Llega a su piso, contenta y radiante a su parecer, y le ve a él en la cocina, comiendo un bocadillo, le mira extrañada como si su existencia se hubiera fugado en el olvido, de pronto reacciona como un látigo. -Hola cariño- le dice ella. -¿Cuanto has conseguido esta noche?- le dice el bruscamente -¿Cómo? después de todo solo te preocupa eso- Extrañada, disgustada, no consigue entender su frialdad. Ni la heroína puede superar el amor más fuerte del corazón. Con su mayor fuerza, rapidez, tira el bocadillo, enfurecido va hacia ella, la agarra del cuello apretándola lo más fuerte que sus manos le pueden permitir. -¿Quieres que te lo vuelva a preguntar otra vez? Le dice gritándola, sin pensar, sin piedad, sin nada que le pueda parar. Ella no comprende una situación así, sus días son cada vez más duros, está conociendo un mundo cruel que se la ha echado encima sin ella poder ni siquiera tener un mínimo de consciencia, sin verlo, un giro brusco en su vida de una felicidad caprichosa a una realidad que la hunde, que la hace daño, un daño que no sabía su existencia, ese daño que no podrá afrontar por la solución fácil, ni por el camino más sencillo, solución y camino de la heroína. -Si- consigue decir. -Quiero decir que he conseguido lo suficiente- Dice angustiada, asustada y unos ojos rojos, dilatados y llorosos. -Dámelo- Le ordena el con brusquedad. Ella le da el dinero de una noche sucia y fea que para él no importa nada. Él lo coge, se da la vuelta entrando a la cocina y lo cuenta. Satisfecho coge su bocadillo le pega un bocado y dándose la vuelta le dice con amino: -gracias cariño, te quiero- el "te quiero" llega débil, con pena, desanimo, corazones rotos, ilusiones perdidas, un "te quiero" que será el más fuerte de sus vidas, el que se echaba tanto de menos sin saberlo. Ella corre con un corazón que estuvo a punto de romper, entra a su habitación, mirándolo todo, aprendiendo de lo que nunca se avía dado cuenta, las cosas más insignificantes cobran vida y color, ahora quiere sentirse feliz, la heroína ya no consigue hacerla efecto, consigue ser ella misma. Entra al baño y se mira al espejo, ahora sus ojos son sinceros y muestran otra realidad, tiene las pupilas dilatadas, su pelo sin brillo, apagado, está tremendamente delgada y sucia. Se mira a los ojos en profundidad, están llenos de ilusión, de esperanza, de amor, sus ojos muestran lo más hondo de los deseos de su corazón, descubre que aun está enamorada de él, ve como han acabado y sin contemplaciones su corazón decide y ella marioneta del amor de su corazón se deja llevar. Una ducha la despeja, la limpia, la renueva, unos vaqueros azules la rejuvenecen, una camiseta y un jersey la dan una piel cálida y vuelta a la luz, se siente viva y baja contenta, perfecta, volviendo a ser la mujer libre que la droga atrapó. -Hola Nicolás- Él la ve aparecer en la cocina, guapa, mujer, viva, radiante, feliz. -Paola, ¿Por qué ha hecho falta llegar hasta esta noche para darme cuenta de que te quiero? Otra vez esa palabra, "te quiero", ella echaba tanto de menos esa palabra, ni si quiera se acordaba, es como si no hubiera existido nunca pero que ahora la hace ver todo con claridad, recuerda cada día pasado, aunque hayan sido duros aquellos días, la dan mucha fuerza para seguir, para luchar por ser feliz, por amar y salir de aquella mentira en la que vivían, una mentira que encarcelo su amor si poder dej arlo salir, pero el amor de los dos es demasiado fuerte para que algo así por tan fuerte que sea pueda romperlo para siempre. -Nicolás, cielo, vámonos, esto ya se ha acabado, ya no tengo fuerzas para la heroína, ya no me da fuerzas, tu y solo tú me das las fuerzas suficientes para vivir, para realizar sueños, juntos ya no nos podrá volver a engañar algo así. -Paola, perdóname, so no sé cómo he podido acabar así. Es cierto, vámonos, vivamos los sueños que siempre hemos querido cumplir. Ya ella está muy contenta, por fin se terminó todo, se alegra y la hace tremendamente feliz que siga siendo el mismo, tal como le recordaba. -¿Y te acuerdas de todos los sueños que queríamos cumplir juntos? -Claro que si cariño, ¿quieres venir conmigo? No hicieron falta muchas palabras más, unos corazones que lo sentían todo, miradas que hablaban en profundidad y manos entrelazadas. Se sumergieron en la noche, juntos, felices, enamorados. Dejando la heroína atrás, que en esos corazones no puede entrar.

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