sábado, 8 de marzo de 2014

"El conejito Lucas" (un cuento para mi prima Arianna)

“Pirata de Amor”

Érase una vez un conejito llamado Lucas, cada mañana al salir el sol el conejito salía de su pequeña madriguera y dando saltitos recorría el sendero verde hasta llegar al riachuelo que bajaba por el sendero. Allí el conejito primero se lavaba las patitas mojándolas en la orilla del riachuelo, después con las patitas mojadas se limpiaba las orejitas y frotaba su carita, dejándolas bien blancas y limpias.
Cuando el conejito Lucas estaba muy limpio volvía a subir el sendero y a mitad de camino el conejito comía la hierba fresquita de cada mañana.
Cuando el conejito Lucas dando saltitos por el sendero volvía su madriguera se encontró a su amiguita la ranita Sofía. Y el conejito Lucas le decía:
-Hola ranita Sofía, hoy no te e visto chapoteando en el riachuelo ranita Sofía.
La ranita Sofía muy triste, agachaba la cabeza y no le decía nada al conejito Lucas. Entonces el conejito Lucas muy preocupado se acerco a la ranita Sofía y le preguntó:
-Ranita Sofía, ¿que te pasa que tan triste estas hoy?
La ranita Sofía muy triste le decía:
-Aller por la tarde la liebre María no me dejaba jugar con los amiguitos del campo.
El conejito Lucas tan disgustado y triste se fue dispuesto a hablar con la liebre María. Y dando saltitos llegó a su madriguera. El conejito Lucas llamaba a la liebre María.
-Liebre María, liebre María- gritaba el conejito Lucas.
La liebre María salio y le pregunto:
-¿Que quieres conejito Lucas?
El conejito Lucas enfadado le pregunto:
¿Por que no dejaste jugar a la ranita Sofía?
La liebre María se rió del conejito Lucas y se fue.
El conejito Lucas tan enfadado corrió dando saltos por todo el sendero y buscó a los amiguitos y amiguitas del bosque.
Todos los amiguitos y amiguitas estaban tristes porque la liebre María no dejaba jugar a la ranita Sofía. Entonces el conejito Lucas y sus amiguitos y amiguitas decidieron no dejar volver a jugar a la liebre María.
Después de comer los amiguitos y amiguitas del campo con la ranita Sofía se fueron a jugar al sendero.
Cuando la liebre María llego muy contenta, quiso jugar con los amiguitos y amiguitas del campo pero sus amiguitos y amiguitas se iban con la ranita Sofía a jugar dejando a la libre María sola.
La liebre María muy triste y llorando se fue por el sendero porque sus amiguitos y amiguitas del campo ya no querían jugar con ella.
La ranita Sofía viendo que la liebre María se iba tan triste, no podía divertirse jugando con los animalitos del campo. La ranita Sofía entristecida saltó y salto buscando a la liebre María y cuando la encontró en un rinconcito sentada y muy triste, la dijo:
-Hola liebre María, ¿por que ayer no querías jugar conmigo en el sendero?
La liebre María se ponía muy triste y la ranita Sofía decidida le decía:
-Liebre María yo quiero que seamos amigas, que no estemos tristes y que siempre podamos divertirnos jugando juntas.
La liebre María muy sorprendida miro a la ranita Sofía que la miraba muy contenta.
La ranita Sofía y la liebre María muy contentas volvieron al sendero con sus amiguitas y amiguitos del campo.

Y así la liebre María aprendió que todos los animalitos del campo pueden ser amigos y jugar siempre y así ser muy felices sin rechazar a ningún animalito del campo.
 

1 comentario:

  1. Me gusta este cuento tuyo Alfredo.
    Te honra la moraleja.
    Y es verdad, entre todos, las cosas podrían ir mejor.
    Te espero en mi bitácora.
    No faltes.

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