“Pirata de
Amor”
Una
lona roja la cubre, sabe lo que es, llevaba tanto tiempo queriendo tenerla, la
rodea con la mirada camina hacia ella, quiere disfrutar ese momento sin prisas
porque hay días que merecen la pena recordarlos y hoy es uno de ellos.
Mira
hacia atrás y deja ver unos ojos azulados en un mar de sensaciones, sus padres
le miran abrazados con sus sonrisas dibujadas.
Desabrocha
con una de sus más grandes sonrisas la cremallera de la lona, descubriendo un
mundo nuevo de experiencias y sensaciones. El plateado reluce, el color rojo
brilla queriendo salir, hasta que queda descubierta, la mira un momento y sale
veloz en busca de algo.
Sus
padres se quedan aturdidos, no saben a dónde va hasta que le ven volver con su
casco blanco.
Da
un abrazo a sus padres riendo y dándoles las gracias.
-Anda
venga sube que estarás deseando.
-Claro
que si papa.
La
enciende, espera al calentador y la arranca dándole un poco de gas como a él le
gusta.
Aprieta
el embrague, mete primera, se despide de sus padres y veloz sube la rampa,
dejando atrás a sus padres que están tan contentos de su hijo.
La Triumph America ruge por las calles como un
grito de poder, despertando admiración como le gusta a él, le gusta sentirse
superior, siempre ha querido hacerlo.
Con
suavidad le da gas, atraviesa el pueblo, sale y se deja guiar por la carretera
donde piensa disfrutarla, quiere disfrutar de ese sueño que por fin tiene, que
para él lo es todo en este instante y que espera que sea así para siempre.
Volver a tener una moto custom es el sueño que tantas noches a tenido y que
tanto a deseado tener desde que se le rompió su antigua Harley.
La
carretera solitaria abrasada por el sol, los pájaros vuelan con el en sintonía
con esa libertad, queriendo cantar más fuerte que ese motor veloz, el motor
ruge sin temor perdiendo de vista a quien sabe que, quizás malos días o malos
momentos, pero eso a él no le importa, da gas y lo deja todo atrás.
La
carretera con ella es alucinante, dominando las curvas, aplastando el tiempo,
avanzando cada kilómetro y cada segundo. Dándole poderío con ese rugido perfecto
de motor.
Llega
a la gasolinera y pide que la llenen mientras se va a comprar un refresco,
paga, arranca y se va dándole gas.
Se
pierde por las calles de Torrijos despertando también la ilusión de los
adolescentes quinceañeros de tener una moto como aquella, sigue rugiendo y pasa
por el parque Juan Pablo Segundo, están sus amigos, reduce y para cerca de
ellos, los mira, ellos le miran y no saben quién es aunque los resulta
familiar.
-Coño,
pero si es Jordi.
-Anda
fantasma que va a ser Jordi, Jávi tu flipas.
-Carlos,
que pena que no conozcas a tus amigos.
Se
acercan riendo y los demás los siguen, se acercan y Jordi los sonríe,
observando a sus amigos.
-Pero
bueno tú nunca dejas de sorprenderme ¿no?
-Jávi, te dije que algún día conseguiría una
moto custom y aquí la tienes.
-No,
si tu todo lo que te propones lo consigues.
-Bueno
y cuando vamos a celebrar que por fin as terminado la carrera.
-Venga
vámonos a ver si me alcanzáis.
-Ya
claro, no presumas tanto, ¿Dónde vamos?
-Vamos
al bar de Mariano.
-Si
claro, pone buena música, buena elección
Arrancan,
coches y motos de vuelta a su pueblo, para pasarlo bien, para hacer el tonto,
para reírse, para recuperar el tiempo perdido en un verano que los promete
muchos días de fiesta y diversión.
Cada
uno a su manera son los mejores amigos de Jordi, con los que ha crecido, con
los que a disfrutado los buenos y malos momentos de la vida, con las sorpresas,
con los estudios y aunque se separan el tiempo es como si no pasara, siguen
siendo la gente por la que lucha y espera volver.


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