“Pirata
de Amor”
Érase una vez un conejito llamado Lucas, cada mañana al salir el sol el
conejito salía de su pequeña madriguera y dando saltitos recorría el sendero
verde hasta llegar al riachuelo que bajaba por el sendero. Allí el conejito
primero se lavaba las patitas mojándolas en la orilla del riachuelo, después
con las patitas mojadas se limpiaba las orejitas y frotaba su carita, dejándolas
bien blancas y limpias.
Cuando el conejito Lucas estaba muy limpio volvía a subir el sendero y a
mitad de camino el conejito comía la hierba fresquita de cada mañana.
Cuando el conejito Lucas dando saltitos por el sendero volvía su madriguera
se encontró a su amiguita la ranita Sofía. Y el conejito Lucas le decía:
-Hola ranita Sofía, hoy no te e visto chapoteando en el riachuelo ranita Sofía.
La ranita Sofía muy triste, agachaba la cabeza y no le decía nada al
conejito Lucas. Entonces el conejito Lucas muy preocupado se acerco a la ranita
Sofía y le preguntó:
-Ranita Sofía, ¿que te pasa que tan triste estas hoy?
La ranita Sofía muy triste le decía:
-Aller por la tarde la liebre María no me dejaba jugar con los amiguitos
del campo.
El conejito Lucas tan disgustado y triste se fue dispuesto a hablar con la
liebre María. Y dando saltitos llegó a su madriguera. El conejito Lucas llamaba
a la liebre María.
-Liebre María, liebre María- gritaba el conejito Lucas.
La liebre María salio y le pregunto:
-¿Que quieres conejito Lucas?
El conejito Lucas enfadado le pregunto:
¿Por que no dejaste jugar a la ranita Sofía?
La liebre María se rió del conejito Lucas y se fue.
El conejito Lucas tan enfadado corrió dando saltos por todo el sendero y
buscó a los amiguitos y amiguitas del bosque.
Todos los amiguitos y amiguitas estaban tristes porque la liebre María no
dejaba jugar a la ranita Sofía. Entonces el conejito Lucas y sus amiguitos y
amiguitas decidieron no dejar volver a jugar a la liebre María.
Después de comer los amiguitos y amiguitas del campo con la ranita Sofía se
fueron a jugar al sendero.
Cuando la liebre María llego muy contenta, quiso jugar con los amiguitos y
amiguitas del campo pero sus amiguitos y amiguitas se iban con la ranita Sofía
a jugar dejando a la libre María sola.
La liebre María muy triste y llorando se fue por el sendero porque sus
amiguitos y amiguitas del campo ya no querían jugar con ella.
La ranita Sofía viendo que la liebre María se iba tan triste, no podía
divertirse jugando con los animalitos del campo. La ranita Sofía entristecida
saltó y salto buscando a la liebre María y cuando la encontró en un rinconcito
sentada y muy triste, la dijo:
-Hola liebre María, ¿por que ayer no querías jugar conmigo en el sendero?
La liebre María se ponía muy triste y la ranita Sofía decidida le decía:
-Liebre María yo quiero que seamos amigas, que no estemos tristes y que
siempre podamos divertirnos jugando juntas.
La liebre María muy sorprendida miro a la ranita Sofía que la miraba muy
contenta.
La ranita Sofía y la liebre María muy contentas volvieron al sendero con
sus amiguitas y amiguitos del campo.
Y así la liebre María aprendió que todos los animalitos del campo pueden
ser amigos y jugar siempre y así ser muy felices sin rechazar a ningún
animalito del campo.


Me gusta este cuento tuyo Alfredo.
ResponderEliminarTe honra la moraleja.
Y es verdad, entre todos, las cosas podrían ir mejor.
Te espero en mi bitácora.
No faltes.